La caja

―¿Qué llevas ahí?

―¿Qué?

―En la caja, ¿qué llevas en la caja?

―Ah, la caja, nada. Cosas que se dejó Juan en mi casa.

―¿Juan tu ex?

―Sí. Nunca llegué a devolverselas, pero bueno, creo que ya da igual.

―¿Y por qué las guardas?

―No las guardo, simplemente estaban ahí y me las he encontrado limpiando el armario.

―Entonces las guardas.

―Que no, sólo estaban.

―¿Y qué hay?

―Nada, no hay nada, cosas de Juan.

―¿Pero el qué?

―No lo sé, ni lo he mirado.

―¿Puedo abrirla?

―No. No es tuya, y casi ni mía.

―¿De verdad que no me vas a decir qué hay?

―Pues no, porque no lo sé. Ni me importa. De hecho pensaba tirarlo todo.

―Entonces sabes lo que hay.

―No, no lo sé. No seas pesado.

―Quiero abrirla.

―No.

―¿Cómo que no?

―Que no, joder, que no. No seas niño.

―Yo no tengo secretos contigo.

―Sí, sí que los tienes, como todos. Pero esto no es un secreto sólo mío, también es de Juan. Pregúntale a él.

―No quiero preguntarle a él, quiero ver lo que hay en la puta caja. Que para eso esta también es mi casa ahora.

―Pero no es tu puta caja, joder. De verdad. ¿Y si hay fotos mías con él qué? ¿Otro de tus ataquitos de celos? Deja la cajita en paz. En serio.

―Quiero saber lo que hay en la puta caja. No me voy a enfadar.

―No es cuestión de que te enfades, es cuestión de que no es tuya. Y quiero que lo respetes.

―Pues quiero ver lo que hay dentro.

―Pues te vas a quedar con las ganas. En serio. Si abres la caja me voy a cabrear.

Pues te vas a cabrear. Porque quiero saber qué hay en la caja. En serio.

―Tú mismo. Yo ya te he advertido.

 

―Joder, está vacía. ¿Me has estado vacilando?

―Mira, es justo lo que dijo Juan.

 

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