El aprendiz

Se había puesto la única camisa que tenía. Caminaba tranquilo, mirando el interior de los coches aparcados. Se fijaba en dos cosas, si alguna luz le chivaba que había alarma y si había algo de valor. Un coche grande, negro y brillante le llamo la atención, justo al lado de la palanca automática del cambio se veía un móvil. Aunque no hubiese nada más en la guantera con eso cubriría el riesgo de romper la ventanilla. Acarició la bola de acero que llevaba en el bolsillo y miró a los lados. Vio un coche de la policía aparecer en el fondo de la calle. Se giró y se acercó a un escaparate. Era una librería. Echó un vistazo y se fijó en un libro de mecánica. Sacó las manos de los bolsillos y se apoyó en el cristal, recordando sus tiempos de aprendiz. Vigiló el reflejo del coche de policía pasar a su espalda y perderse en la siguiente esquina. Esperó unos cinco minutos antes de separarse del cristal de la librería. Sacó la bola de acero del bolsillo. La lanzó contra la luna. Menos de medio minuto después corría calle abajo con su botín bajo el brazo.

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