Club Constanza

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Avisaron al superior de que tenían un problema, Fabián se les estaba yendo. El teniente apareció a los cinco minutos con cara de sueño, puso un par de dedos en la yugular del detenido y ordenó que llamaran de inmediato al resucitador.
—Pero ¿qué coño os han enseñado en la academia, no vais controlando las pulsaciones?
El soldado número ocho, con la picana aún en la mano, respondió que sí las medía, pero que Fabián era demasiado duro, no había forma de mellarle.
El médico apareció con su maletín, le auscultó y miró al teniente.
—Saldrá, pero está muy débil. Este hombre necesita unas cuantas horas de descanso, […]