Viudo

flores

He empezado a acostumbrarme a ser viudo. Ya tengo dominada casi toda la casa, desde las gestiones cotidianas hasta dónde está guardado el café. En cuanto me aclare con el riego de las plantas, creo que lo tendré todo. Incluso me he apuntado a varios talleres en un centro cultural, para no quedarme encerrado en casa y conocer gente nueva. Por la noche, durante la cena, miro a mi mujer y parece que también le sorprende el cambio, aunque aún no sepa el porqué. Y se la ve feliz.

La caja

―¿Qué llevas ahí?
―¿Qué?
―En la caja, ¿qué llevas en la caja?
―Ah, la caja, nada. Cosas que se dejó Juan en mi casa.
―¿Juan tu ex?
―Sí. Nunca llegué a devolverselas, pero bueno, creo que ya da igual.
―¿Y por qué las guardas?
―No las guardo, simplemente estaban ahí y me las he encontrado limpiando el armario.
―Entonces las guardas.
―Que no, sólo estaban.
―¿Y qué hay?
―Nada, no hay nada, cosas de Juan.
―¿Pero el qué?
―No lo sé, ni lo he mirado.
―¿Puedo abrirla?
―No. No es tuya, y casi ni mía.
―¿De verdad que no me vas a decir qué hay? […]

Apuntalada

Oliva me mira con la barbilla apuntalada sobre una navaja. Si me voy se mata, eso dice. Si me quedo me acabará matando. No es la primera vez que nos vemos así. Nos separa una mesa baja con una botella que ya ha dejado de gotear sobre un pequeño charco en el que se ahogan unas pastillas. Sus ojos, hinchados, inyectados en sangre. No me atrevo a moverme. Si me voy se mata, amenaza. Si me quedo me acabaré matando. Antes todo esto me gustaba. El Drama. Bajo los brazos y camino despacio hacia la puerta. Me siento un cobarde por irme así y doy la vuelta. […]

Silencio

Silence de Alberto Ortiz
Silence de Alberto Ortiz

Mi padre siempre decía que si no hay nada interesante que decir, es mejor quedarse callado. Aún así no le recordaba con la boca cerrada. Tenía costumbre de sentarse en un sillón marrón, como de pana gorda y apoyar las dos manos sobre los brazos desgastados de madera. Y desde ese trono setentero te arreglaba la vida, llenando el vacío de la habitación de palabras inanes, que apenas pesaban, pero ocupaban espacio, hasta que conseguían agobiarte y buscar el vacío del silencio en otro lugar. Un día, mi madre, se abrió paso con una maleta a través de esa maraña de vocablos futiles y volantes y se plantó frente al escaño de pana. […]

El grito

—De verdad que no sé lo que me pasa, Cris.
—Sea lo que sea me lo puedes contar
Marina lloraba sentada en la cama, abrazada a un peluche con forma de cocodrilo, verde flúor y vestido con una pajarita. Lloraba en silencio, notaba la mano de su amiga sobre el hombro. La había abrazado durante un rato muy largo, pero al final se había separado para poder mirarla a la cara mientras hablaban.
—¿Te ha hecho algo Javi?
—No, nada.
—¿Entonces?
—No lo sé tía. Es como…—paró y pensó por un momento— Es como si hubiera algo mal, […]