Mano a mano

Manos. La de Lucia la había perdido cuando se abrieron las puertas del vagón y otra tanda de viajeros embistió para entrar Nada grave, veía su cara entre hombros extraños, sonriéndole aún. Pero Sergio sintió en su propia mano que hacía unos momentos cogía la de la chica, una especie de viudez.
          Manos. Sergio buscó con la mirada su otra mano asida a la barra horizontal del vagón. La había puesto allí para resistir, para hacerse fuerte y ayudar a Lucia que no alcanzaba. Le costó localizarla entre tantas que como pájaros dormidos cabeza abajo pendían de la barra. Pensó: ¿Voy a sostener a Lucia con esta mano enclenque?,. […]