Devoraciones II

—¡Hoy está para comérsela!— Exclamó la mujer, mientras su marido le subía la cremallera del traje. Después se inclinó sobre la cuna canturreando:
—Te vas a quedar con Nati, mi amor. Nati que te cuida siempre, mi angelito. ¡Caramelito de fresa!
   Nati miró hacia la cuna donde la mujer se doblaba y de la que salían, mezclados, los gorjeos del bebé y los besos de la madre.
    Luego, la mujer se enderezó, se volvió hacia la chica  y le dijo sonriente:
   —Bueno, Nati, ya sabes dónde está todo, ¿verdad? No volveremos tarde y si hay algún problema, nos llamas.
   —No te preocupes. […]