Don Juan otra vez

Siempre igual, conocía a una mujer hermosa y el forúnculo se reproducía. La primera vez estaba en el instituto y una compañera le dijo:
 —Todos llevamos un animal dentro; Tú, Fernando, un cocodrilo, un gran depredador.
Absorto en los pechos de la chica, casi no le prestó atención, pero junto al deseo, le creció algo punzante y duro en el cuello.
En cuanto pudo, se miró en un espejo, palpó el  lobanillo junto a la carótida derecha y  le surgió la loca idea de que un diminuto embrión de cocodrilo se formaba allí dentro.
Siempre lo mismo; por eso le duraban tan poco las parejas y tenía la fama de Tenorio entre sus amigotes casados y envidiosos. […]