Pacto

Está nevando. Mariko se toma las pastillas, sube a la azotea y se desnuda. La última conversación que tuvo con su psiquiatra fue fatigosa: «Usted no comprende que tengo cuarenta años y llevo muerta desde los veintitrés. Solo trato de acelerar el proceso», le dijo. Se acerca a la piscina y desengancha parte de la cubierta. Ya comienza a notar cómo le pesan los párpados.
Celebró sus veintitrés con el grupo de amigos de la facultad. Eran seis compañeros, salía con uno de ellos, Kenshi, y se hacían llamar El Núcleo. No se relacionaban con nadie más de la universidad. Siempre estaban juntos. […]

La caja

―¿Qué llevas ahí?
―¿Qué?
―En la caja, ¿qué llevas en la caja?
―Ah, la caja, nada. Cosas que se dejó Juan en mi casa.
―¿Juan tu ex?
―Sí. Nunca llegué a devolverselas, pero bueno, creo que ya da igual.
―¿Y por qué las guardas?
―No las guardo, simplemente estaban ahí y me las he encontrado limpiando el armario.
―Entonces las guardas.
―Que no, sólo estaban.
―¿Y qué hay?
―Nada, no hay nada, cosas de Juan.
―¿Pero el qué?
―No lo sé, ni lo he mirado.
―¿Puedo abrirla?
―No. No es tuya, y casi ni mía.
―¿De verdad que no me vas a decir qué hay? […]

Apuntalada

Oliva me mira con la barbilla apuntalada sobre una navaja. Si me voy se mata, eso dice. Si me quedo me acabará matando. No es la primera vez que nos vemos así. Nos separa una mesa baja con una botella que ya ha dejado de gotear sobre un pequeño charco en el que se ahogan unas pastillas. Sus ojos, hinchados, inyectados en sangre. No me atrevo a moverme. Si me voy se mata, amenaza. Si me quedo me acabaré matando. Antes todo esto me gustaba. El Drama. Bajo los brazos y camino despacio hacia la puerta. Me siento un cobarde por irme así y doy la vuelta. […]

Devoraciones I

Me pidió que la llevase.
—Dicen que vieron un náufrago en la más chica. Ya sabe, señor capitán, hace tiempo que desapareció mi hijo y a él le gustaban tanto las islas…
Partimos sin amanecer. Desde el puente, atento a la carta náutica y a la mar que por esos rumbos suele tener corrientes, vi que la mujer, a pesar de mis recomendaciones de que se colocase a sotavento, no dejaba de otear el horizonte, parecía  el mascaron de proa del viejo remolcador. En su espalda, la ansiedad y también, la esperanza.
Hacia las diez avistamos el montículo pequeño y dorado. […]

El aprendiz

Librería de Francisco Martínez
Librería de Francisco Martínez

Se había puesto la única camisa que tenía. Caminaba tranquilo, mirando el interior de los coches aparcados. Se fijaba en dos cosas, si alguna luz le chivaba que había alarma y si había algo de valor. Un coche grande, negro y brillante le llamo la atención, justo al lado de la palanca automática del cambio se veía un móvil. Aunque no hubiese nada más en la guantera con eso cubriría el riesgo de romper la ventanilla. Acarició la bola de acero que llevaba en el bolsillo y miró a los lados. Vio un coche de la policía aparecer en el fondo de la calle. […]

Loli Martínez

Mis padres debieron elegir uno más modesto, adecuado también a cualquier vida menguante. Fueron, sin embargo,  presuntuosos y aquí me veo metiendo los rayos de mi escoba entre los pies de los viajeros o creando falsas esperanzas en algún jovencito soñador que me busca entre el gentío del andén, cuando una compañera me llama a voces.
Limpio en el metro y mi nombre me queda tan holgado como el uniforme de la contrata.
Aunque hay veces que con ira creciente me pongo a barrer al pie de la única escalera de salida,  justo al descargar el tren su desabrido pasaje de las ocho. […]

Silencio

Silence de Alberto Ortiz
Silence de Alberto Ortiz

Mi padre siempre decía que si no hay nada interesante que decir, es mejor quedarse callado. Aún así no le recordaba con la boca cerrada. Tenía costumbre de sentarse en un sillón marrón, como de pana gorda y apoyar las dos manos sobre los brazos desgastados de madera. Y desde ese trono setentero te arreglaba la vida, llenando el vacío de la habitación de palabras inanes, que apenas pesaban, pero ocupaban espacio, hasta que conseguían agobiarte y buscar el vacío del silencio en otro lugar. Un día, mi madre, se abrió paso con una maleta a través de esa maraña de vocablos futiles y volantes y se plantó frente al escaño de pana. […]

No siempre por sorpresa

La primera vez que Iseei  vió morir fué a los doce años.  Un día mamá le regaló un traje negro y  una camisa blanca. Fueron a una sala donde  la abuela Hikari, reposaba en silencio. La lavaron. Humedecieron sus labios y cubrieron su cuerpo con flores.
Más tarde, la siguieron otros.  Aún puede recordar sus lívidos cuerpos. El camino de surcos en el  rostro. La decrepitud.
Cuando hace 5 años  su hermano se fué, Issei tomó conciencia de que la muerte, no siempre era así. A veces, se cuela en un cuerpo joven y es entonces cuando más disfruta. […]

Gallina enamorada

Nada más verme en Manuel Becerra, se metió en el vagón con un salto de pajarillo. De píe en el tren, aprovechaba los vaivenes para acercárseme y plantarme cortos besitos en el rostro. Le dije que se la veía muy contenta.
—Comemos  juntos —zureó entre dos menudos besos—, ya sabes que no me gusta comer sola  —y después: beso y beso.
En O’donell me enseñó una bolsa y gorjeó en mi oreja:
—Pimientos asados, para que los comas de primero, rey —Sus labios se posaron en los míos como quien alimenta a un polluelo.
Haciéndose cargo de mi cansancio, me cedió un asiento libre y hasta la siguiente estación se estuvo abalanzando para continuar con ese besuqueo que me tenía ya, […]

El grito

—De verdad que no sé lo que me pasa, Cris.
—Sea lo que sea me lo puedes contar
Marina lloraba sentada en la cama, abrazada a un peluche con forma de cocodrilo, verde flúor y vestido con una pajarita. Lloraba en silencio, notaba la mano de su amiga sobre el hombro. La había abrazado durante un rato muy largo, pero al final se había separado para poder mirarla a la cara mientras hablaban.
—¿Te ha hecho algo Javi?
—No, nada.
—¿Entonces?
—No lo sé tía. Es como…—paró y pensó por un momento— Es como si hubiera algo mal, […]