Antoine

Esa mañana, en el espejo, lo vio por primera vez. Redondo, rosado, apenas abultaba unos milímetros la piel del cuello. Parecía tan desvalido. Antoine se enterneció. Cuidaría bien de aquel grano. Su grano.
En la farmacia del barrio compró vitaminas y esmeró su dieta para que fuera más nutritiva. En poco tiempo el grano pasó de roncha a furúnculo. Agradecido, picaba y escocía en el cuello de Antoine, y el muchacho, orgulloso, se aflojaba el cuello de la corbata en el trabajo para dejarlo a la vista. Una hermosa cabeza blanca comenzaba a despuntar.
A diario Antoine masajeaba el tumor con las mejores lociones, […]

1940

¡Medalla de plata en los juegos del cuarenta! Menuda trola le estaba contando el parroquiano. El chaval se vuelve al resto de la audiencia. Nadie presta atención, ya han oído la historia antes. Dirige entonces una sonrisa socarrona al tabernero, pero éste sigue sacando brillo a un vaso y no se la devuelve. Él sabe que en 1940 no hubo juegos, por la guerra. Y si hubiera estado allí también preferiría recordar unas olimpiadas.

La pecera

Mañana es el gran día. Ninguno de nosotros quiere parecer nervioso, pero lo cierto es que en cualquier momento podríamos empezar a castañear unos contra otros. No lo haremos. Eso podría lastimar el esmalte y hay que lucir perfectos. Me preocupa encajar bien en mi puesto. Yo trabajo en la encía superior izquierda como primer premolar. Esto es, el chico para todo: desgarro, muelo, trituro. No me quejo. La tarea no es complicada y me han dicho que se me verá bastante si el jefe sonríe. Ojalá que le guste sonreír.

La bestia

No es costumbre de la bestia descansar de noche. En cambio, vigila todo con su enorme ojo. La ropa oscura ayuda a pasar inadvertido. Pero también tengo que ser sigiloso. Sólo una vez, cuando encontré mi manta junto a la basura, me puse a silbar, distraído. Desde entonces el ojo me espera al doblar cada esquina. Acechándome. Por eso ahora apaño mis cosas de día. Sí, están los otros ojos, los pequeños, pero esos son sordos y se la sopla si mi silbido desafina. En el descampado, aún con luz, dedico un rato a practicar puntería.
La bestia no sabe que ahora yo la espío a ella. […]

Manolín

En la sala de paritorio de un hospital una mujer se esfuerza por traer su hijo al mundo. El médico que la asiste le da instrucciones mientras su marido, de pie junto a ella, le sujeta la mano.
– Respire profundamente. No empuje hasta que yo le diga. ¡Ahora! ¡Empuje! ¡Empuje!
El parto se alarga y el médico preocupado pide que venga el ecografista. Éste desliza una sonda por la descomunal barriga de la madre:
– Vamos pequeño ¡Ánimo! Sólo te queda un poco más. Te estamos esperando.
De repente interrumpe su arenga, desconcertado. Al doctor, en voz baja:
– […]

Inevitable-mente

Las torrijas de mi abuela hubieran ganado el primer premio del más afamado de los concursos, de torrijas se entiende.
Cada semana santa desde que yo tengo recuerdos y hasta que ella comenzó a perder los suyos, mi abuela obraba su milagro y convertía, pedazos de pan duro, en barquitos “rezumantes” de leche y miel. Luego, en algún momento entre semana santa y semana santa su memoria empezó a diluirse. Aparecieron en ella agujeros negros, pequeños al principio y más grandes después. Ahora son tan grandes que caben palabras enteras, y cuando se deslizan por ellos se pierden para siempre.
Cada día mi abuela dedica un rato a pelear contra los agujeros negros. […]