Apuestas de circo

Se dirigió a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivocaba. Abrió la puerta e introdujo a veinte niños. Los felinos, sin embargo ignoraron por completo sus presencias y continuaron boquiabiertos mirando como, en lo alto de la carpa, el decimoséptimo paquidermo hacía equilibrio sobre esa fina tanza tan bien tejida por la araña. Mientras el público seguía embobado tarareando la pegadiza canción.
 Los leones entendieron que en ese lugar su agresividad y rugidos de poco les iban a servir. Agacharon la cabeza, y encorvados se dejaron acariciar por los escolares. Ya fuera el domador, conteniendo las lágrimas, entregó las llaves de su majestuosa caravana al mago. […]

Carta tras el sepelio (paradojas de la libertad de expresión)

franqueo pagado

Estimado ilustrador fallecido:
Toc-toc. Al otro lado de la puerta una nariz grande sobre un huesudo cuerpo grita vocales. Tanta sonoridad te impide escuchar el rencor, pero la ira siempre resulta atractiva para reflexionar, copa de champan en mano por supuesto. Mientras tanto, otro como tú aprieta un botón, y el cielo escupe bombas sobre Irak. Al día siguiente, cuerpos de niños descalzos se afilian a una causa en nombre de Alá. Como regalo iniciático un Corán cargado de balas. Mientras los bienintencionados de esta orilla intentan apagar las llamas plantando árboles secos, pero su sombra se clava sobre el páramo y les impide crecer. […]

AMOR DE MADRE

Preferiría no tener que declarar… ¿Por qué si mi hijo no hizo nada?… No sé por qué está encerrado… Roy es un buen chico… es un santo… un santo… mi Roy. Estoy segura de que él no fue… mi hijo no lo hizo… Me acuerdo cuando de pequeño… criábamos conejos…cuando los matábamos él no quería ni verlo y se pasaba sin comer… por lo menos tres días… o cuando sus primos intentaban apedrear a un gato… se dejaba la cara para defenderlos, a pesar de que él era el más pequeño… si él no podría ni matar a una mosca… además cuando Esteban me daba alguna bofetada… pocas veces pasó y lo hacía sin querer… era el primero en interponerse… seguro que él no fue… de dónde habría sacado tanta maldad… con lo bueno que era… algo impulsivo, […]

DESCUBRIENDO A NEWTON


Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la “Ley de la Inercia” postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar como la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia.

CUANDO DESAFIAMOS A LA SUERTE

La bala, en la sien, milagrosamente sostenida por dos temblorosos dedos; en la mesa una mágnum 38 desprendiendo un inquietante calor y en la cabeza un silbido ensordecedor.
 
Quedaba muy lejos el día en el que ambos visionábamos con admiración esa película de militares rusos y demasiado cerca el kilométrico rastro de sangre que vestía la habitación de un rojo pánico. Pero ya no tenía a nadie con quien compartir el miedo.

EL CUENTO MENGUANTE

Emulando a los pájaros, el conejo sobrevoló el arbusto e intentó, como en otras ocasiones, sumergirse en la familiar negrura sin tocar suelo, pero se dio de bruces con varias vallas amarillas.

– ¿Quién las habrá puesto ahí?- Preguntó indignado con su voz chillona.- Ahí debía estar el gran agujero.

Como no hubo respuestas empezó a apartarlas una a una, ante la atónita mirada de la niña. Tras el arduo trabajo, se encontró la superficie tapiada y un llamativo letrero en cirílico. Dado que sus fantasías eran superiores a las trabas lingüísticas acertó a leer:

“RECORTES EN CULTURA HAN IMPEDIDO MANTENER EL AGUJERO”. […]

LA ÚLTIMA CITA

Nadie en varios kilómetros a la redonda sabría decir su nombre, de hecho, nadie recordaba haber intercambiado palabra alguna con ella, y nadie le ponía rostro. Era ella quien tomaba la iniciativa; solía presentarse sin avisar, sigilosamente y casi siempre por la noche en casa del lugareño elegido, con el que entablaba interesantes conversaciones hasta el alba.

Tenía predilección por los mayores, supongo que por su sabiduría, aunque puntualmente seducía a algún joven para sorpresa de todos. Tras su marcha, el pueblo, por cuestiones de salud y educación, celebraba la visita doblando las campanas en honor al último anfitrión.